¡Aqui están pero nosotras también!
- 19 jun 2015
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Ya hacía cinco años que a manos de mujeres de todo el mundo había llegado tan controversial portada, cinco años habían pasado desde el momento que Vogue, la revista que empezaba a cobrar más fuerza en el mundo por su manera de entender todo el lujo de las altas sociedades, había mostrado en su portada dejando a un lado el esplendor y la belleza siempre característica, la barbarie de lo que el mundo estaba viviendo. Era un momento difícil, los hombres estaban abandonando sus hogares para ir a pelear por sus países, y las mujeres de ese entonces acostumbradas a permanecer en sus hogares cuidando de sus hijos y maridos, asistiendo a compromisos sociales o cumpliendo con las tareas del hogar, tenían que dejar sus casas para ir a trabajar, a conseguir su sustento o a colaborar como enfermeras atendiendo a miles de soldados, que no paraban de llegar con grandes y dolorosas heridas, siempre rogando que ninguno de ellos, fuera sus esposos o sus hijos.

En la portada una mujer, vestida de enfermera con la cara baja y la mirada triste, de fondo la bandera de Inglaterra pero no con sus colores tradicionales, esta vez el blanco se había convertido en un color tierra desgastado y el rojo, no era el rojo característico, esta vez era un rojo sangre que demostraba el momento tan cruel por el cual estaba pasando la guerra, y de fondo lo que parece ser algo de humo producto del alguna explosión, paso a convertirse hace un año a una portada que pese a que el contexto no había cambiado, ni tampoco el entristecedor panorama, si muestra un cambio importante, el cambio de cientos de mujeres que al haber salido de sus casas, en ese momento tienen una nueva actitud y una forma distinta de sortear la difícil situación, pues lograron encontrar un equilibrio entre sus nueva forma de vida y su glamuroso estilo de principios de siglo, que en un momento se había visto empañado con las dificultades.

En esta portada dos mujeres, colores vivos, y un avión, vestidos vaporosos acompañados de pieles y sombreros, con un estilo muy de Poiret, reflejaban lo que estaba por venir, la cara esperanzada de las dos mujeres que desconocían que estaban a solo un mes de que acabara la tragedia, pero que ven al cielo, que observan un avión, con una actitud desafiante con sus poses, con su cuerpos, tal ves queriendo decir: aquí están, pero nosotras también.
Fueron cuatro años muy largos, en los que quizás muchas de ellas perdieron a sus esposos, hijos, padres, hermanos o por lo menos a algún conocido, cuatro años en que las mujeres demostraron toda la fuerza que tenían, que hasta el momento solo habían podido mostrar pocas veces. Pese a tanto dolor y horror que trajo consigo este acontecimiento, también trajo liberación, trajo empoderamiento y trajo cambios que exigieron no solo cambios en pequeños grandes aspectos como la manera de vestir, o que ahora no sea mal visto que una mujer fume en público, si no que cambio la sociedad, cambio totalmente la manera de cómo la mujer es vista, y siempre logra adaptarse a cualquier situación por más difícil que sea, sin dejar de lado su feminidad, y para demostrar esto, que mejor ejemplo que Vogue, la revista que se ha convertido en la compañía de las mujeres del nuevo siglo.



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