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¡¿ Qué hace un pavo en mi Vogue?!

  • 27 may 2015
  • 3 Min. de lectura

Portada revista Vogue (1909)

Hace algunos años, la nueva y reconocida revista Vogue, llamaba la atención de la sociedad neoyorkina, con una entretenida portada, una bella ilustración donde un hermoso pavo real, miraba profundamente a una mujer que a su vez, lo miraba con un grado de admiración, que al parecer, fueron pocos los que lo captaron.


Recuerdo muy bien, como se reunieron las mujeres de la alta sociedad de Nueva York, como lo hacían habitualmente, a recibir y comentar la edición de su nueva revista favorita, todas sorprendidas al ver esta portada, no lograban hacer una relación entre este bello animal y la revista, que para ellas era su manual de conducta. Todas estas mujeres, las cuales no tenían como característica principal la inteligencia precisamente, empezaban a lanzar juicios sobre esto y se oían comentarios de cómo las plumas de pavo iban a convertirse en lo ultimo para la decoración de sus casas, o como el próximo invierno todos los abrigos iban a tener su textura. Tristemente ninguna de ellas, veía más allá y al final solo veían lo vistoso de sus plumas y como iban a lucirlas en sus casas o en sus vestidos. Ninguna de estas mujeres si quiera pensó en como Vogue, al mostrar este hermoso pavo real, las estaba mostrando a ellas, destacando su elegancia, resaltando todas las bellas características que tienen en común el pavo y la mujer.


Hasta ese momento, era costumbre ver a los pavos reales, con su gran cola abierta, mostrando sin temor y con orgullo sus plumas, con texturas únicas y vibrantes colores. Sin embargo, en esa portada de 1909, todo cambio, se mostro al pavo en una pose distinta, con su cola cerrada, lo que lo hacía ver totalmente sumiso frente a una mujer que apreciaba su belleza, tal vez este pavo no se encontraba sumiso, solo frente a esta mujer, si no a todas las mujeres lectoras de Vogue, incluyendo al grupo de mujeres reunidas, que al verlo, en lo único que pensaban era en quitarle su belleza, quitándole sus plumas. Afortunadamente ese día, cuando ya la reunión estaba acabando y no había salido casi ninguna conclusión de esta nueva publicación, llego un hombre, que no se veía como el resto de los hombres de la clase alta, era un hombre que no llevaba traje, solo un pantalón de paño, una camisa blanca y un chaleco, quien había llegado a esta reunión por información de Condé Montrose Nast, dueño de Vogue, que sabia de estas reuniones donde se hablaba de su revista. Este misterioso personaje, no revelo su nombre, pero empezó un interesante discurso acerca de esta portada, donde empezó a explicarles a estas mujeres el porqué tenían un pavo en su Vogue. Los adjetivos para describir la belleza y la elegancia de este animal, estuvieron de más; la descripción del porqué de la apariencia de sus plumas, y todo lo relacionado con el simple hecho de la apertura de su cola, tenia más que fascinadas a estas mujeres, se habían dejado envolver en el maravilloso mundo de la naturaleza, donde ahora entendían que todo tiene un porqué y de un momento a otro su percepción a cerca de este animal, había empezado a cambiar, hasta que este misterioso personaje les revelo el secreto de la portada, en primer lugar el era el ilustrador, quien la había hecho y en segundo, y más importante les revelo que la idea principal era representar un espejo natural, para que todas esas mujeres a las que pocas veces se les facilitaba identificar sus cualidades y ver más allá de su apariencia, entendieran, que las mujeres son una de las más hermosas creaciones de la naturaleza y que así como el pavo en esa oportunidad no tuvo que abrir su cola, para imponer su belleza, ellas no necesitan de grandes vestidos, ni maquillaje para demostrar la suya.


 
 
 

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